¡Mira lo que pueden hacer las redes sociales!

Nueve maneras de desequilibrar unas elecciones sin borrar una sola publicación.

Lawfare4All Editorial ·

Imagine dos candidaturas que compiten en una elección presidencial. Ambas tienen millones de seguidores, producen contenidos a diario, conceden entrevistas, difunden propuestas y movilizan a sus simpatizantes. Sus candidatos siguen autorizados a hablar, sus páginas continúan funcionando y nadie recibe ninguna notificación de censura.

Sin embargo, mientras las publicaciones de una candidatura llegan sistemáticamente a millones de personas, los mensajes de la otra encuentran dificultades crecientes para circular. Parte de sus seguidores deja de recibir actualizaciones, ciertas publicaciones desaparecen de las recomendaciones y los anuncios enfrentan obstáculos de distribución.

La diferencia puede no estar en lo que publican las campañas, sino en la infraestructura tecnológica encargada de decidir quién tendrá la oportunidad de recibir sus mensajes.

Esta situación hipotética ilustra un problema muy concreto de la comunicación contemporánea: la libertad formal de publicar no garantiza que la información llegue a su público, especialmente cuando la circulación depende de plataformas privadas que administran mecanismos de recomendación, moderación, publicidad y distribución.

El debate sobre las big tech suele concentrarse en la difusión de noticias falsas, la eliminación de contenidos y la suspensión de cuentas. Pero existe otra dimensión, mucho menos visible, que merece atención: la capacidad técnica de interferir en las condiciones de circulación de la información política sin necesidad de modificar o eliminar el contenido publicado.

No se trata de imaginar que cada reducción de alcance representa una conspiración electoral, sino de comprender el poder efectivamente concentrado en estas infraestructuras y exigir que su ejercicio se someta a criterios transparentes, verificables y compatibles con la integridad democrática.

El caso Cerimedo: la denuncia que encendió la alarma

Las declaraciones de la abogada Nadia Beller, expareja del consultor político argentino Fernando Cerimedo, añadieron una dimensión particularmente grave al debate sobre el poder de las plataformas digitales en las elecciones brasileñas.

Según relatos difundidos por la prensa, Beller atribuyó a Cerimedo relaciones privilegiadas con personas vinculadas a Meta y denunció una supuesta articulación destinada a perjudicar la visibilidad digital de Lula y de sus simpatizantes, en un contexto de contactos políticos del consultor con integrantes de la familia Bolsonaro en Estados Unidos.

La denuncia merece una investigación documental y técnica, sobre todo porque surge en un momento en que la campaña de Lula planteó cuestionamientos sobre dificultades de alcance y distribución de contenidos en las plataformas de la empresa. Meta negó cualquier favorecimiento electoral y atribuyó parte de los problemas señalados a una falla técnica global.

La gravedad del asunto va más allá de los personajes involucrados, porque se refiere a la posibilidad de utilizar mecanismos privados de distribución de información para interferir en las condiciones de comunicación de una contienda presidencial.

¿Qué podría hacer efectivamente una plataforma para desequilibrar esas condiciones sin alterar un solo mensaje, falsificar un contenido o suspender abiertamente una candidatura?

Mucho más de lo que parece. Y eso es precisamente lo que necesitamos mostrar.

La primera trampa: usted sigue, pero puede no recibir

Muchos usuarios creen que seguir a una persona, una página o un medio de comunicación significa recibir sus publicaciones. En la práctica, las plataformas seleccionan y jerarquizan el contenido presentado mediante sistemas que consideran distintas señales de interés, comportamiento y relevancia.

La propia Meta ha informado públicamente que sus mecanismos de distribución de contenido político han cambiado, incluidas políticas de reducción y posterior revisión de la presencia de esas publicaciones en las recomendaciones.

Por lo tanto, no estamos ante una posibilidad imaginaria: las empresas reconocen que sus sistemas influyen en la cantidad de contenido político que se muestra a los usuarios.

Esto no prueba el favorecimiento de ninguna candidatura, pero demuestra que seguir a alguien y recibir efectivamente sus mensajes son situaciones distintas.

Qué puede hacer usted: visite directamente los perfiles que considera importantes, busque sus publicaciones recientes y compare lo que se publicó con lo que apareció espontáneamente en su feed. Utilice, cuando estén disponibles, las herramientas de favoritos, notificaciones y visualización cronológica, recordando que las opciones varían según la plataforma.

La segunda: la publicación existe, pero desaparece de las recomendaciones

Una plataforma no necesita retirar un contenido para reducir su circulación, porque los mecanismos de recomendación pueden limitar su exposición a personas que todavía no siguen al autor.

Esta distinción es especialmente importante para las campañas electorales, cuya comunicación depende no solo de mantener contacto con simpatizantes conocidos, sino también de llegar a nuevos públicos, presentar propuestas y disputar la atención de los votantes indecisos.

Cuando se modifican las reglas de recomendación, distintos perfiles y categorías de contenido pueden experimentar cambios relevantes de alcance, aunque sus publicaciones sigan disponibles para el acceso directo.

Qué puede hacer usted: no confunda publicación disponible con distribución asegurada. Si sigue un tema determinado, busque fuentes diferentes y acceda directamente a sus canales, incluidas páginas oficiales y medios periodísticos fuera de las redes sociales.

La tercera: pautar también depende de quién entrega

La publicidad digital añade otra capa al problema, porque pagar por un anuncio no significa necesariamente controlar por completo quién lo recibirá, cuándo se mostrará o en qué condiciones se distribuirá.

Los sistemas de entrega publicitaria combinan configuraciones del anunciante, reglas de la plataforma, criterios automatizados y características de la audiencia. De esa combinación pueden surgir diferencias importantes entre el público inicialmente buscado y el efectivamente alcanzado.

El problema electoral surgiría si campañas en condiciones comparables fueran sometidas a criterios deliberadamente distintos o a intervenciones selectivas, alterando artificialmente sus oportunidades de comunicación.

Qué puede hacer usted: consulte las bibliotecas públicas de anuncios cuando estén disponibles, observe quién financia los mensajes políticos y procure distinguir los contenidos orgánicos de aquellos cuya circulación resulta de publicidad pagada.

La cuarta: el reloj también puede jugar en contra de una campaña

Pocos elementos tienen tanta importancia en una elección como el tiempo, porque un mensaje suspendido durante los últimos días de campaña no recupera necesariamente su relevancia cuando vuelve a circular después de la votación.

Los procesos de revisión de anuncios, impugnación de decisiones de moderación y restablecimiento de cuentas pueden consumir períodos valiosos, sobre todo cuando involucran acontecimientos de gran repercusión pública.

Una restricción que luego se considere indebida puede producir efectos políticos que su reversión no logra reparar por completo. El mismo razonamiento vale para las decisiones judiciales relacionadas con la comunicación electoral, cuya eficacia también debe examinarse a la luz del momento en que se ejecutan.

Qué puede hacer usted: al encontrar una noticia sobre la suspensión o el restablecimiento de una publicación política, observe las fechas involucradas, busque las justificaciones presentadas y verifique si hubo una posibilidad real de impugnación antes de que el hecho perdiera su relevancia electoral.

La quinta: la búsqueda no es un retrato neutral del mundo

Los buscadores internos también participan en la organización de la experiencia informativa, porque el orden de los resultados influye en lo que el usuario encuentra primero y en la probabilidad de que siga buscando información adicional.

Una investigación, una entrevista o una publicación periodística pueden seguir accesibles y, aun así, recibir poca exposición en ciertos entornos digitales, según los criterios utilizados para clasificar los resultados.

No debe concluirse que toda diferencia de posicionamiento constituye manipulación. Sin embargo, el poder de ordenar la información merece atención cuando los temas buscados tienen relevancia electoral.

Qué puede hacer usted: pruebe a buscar un mismo tema en plataformas diferentes, consulte medios con líneas editoriales distintas y busque siempre la fuente original de una declaración, documento o decisión judicial.

La sexta: las notificaciones pueden marcar la diferencia

Las notificaciones representan otra forma de intermediación que el usuario suele ignorar, al creer que sigue por completo un perfil solo porque activó las alertas de publicación.

En realidad, los avisos también dependen de configuraciones individuales y de las funciones que ofrece cada servicio. En algunas plataformas, la experiencia de seguimiento puede variar según el tipo de contenido o la manera en que el usuario interactúa con él.

Qué puede hacer usted: revise periódicamente su configuración, no dependa exclusivamente de las notificaciones automáticas y mantenga otras formas de acceso a las fuentes que considera relevantes.

La séptima: las reglas pueden aplicarse de manera desigual

Las plataformas deben enfrentar fraudes, amenazas, contenidos ilícitos y otras prácticas que comprometen la seguridad de los usuarios. El problema no es la existencia de moderación, sino la posibilidad de que criterios equivalentes se apliquen injustificadamente de maneras distintas.

Una candidatura puede ver publicaciones eliminadas, anuncios rechazados o cuentas restringidas temporalmente por razones legítimas. La cuestión democrática aparece cuando decisiones comparables producen tratamientos distintos sin una justificación verificable, sobre todo durante los períodos electorales.

Qué puede hacer usted: antes de denunciar censura o celebrar una eliminación, procure conocer la regla aplicada, la justificación de la plataforma y la posibilidad de apelación. Exija el mismo criterio para los candidatos de su preferencia y para aquellos con los que no está de acuerdo.

La octava: la popularidad también puede fabricarse

No toda manifestación de apoyo en las redes corresponde necesariamente a la participación espontánea de personas reales, porque las cuentas falsas, la automatización y las operaciones coordinadas pueden alterar artificialmente los indicadores de interacción.

Estas prácticas pueden amplificar ciertos mensajes, simular consensos, producir tendencias artificiales e influir en la percepción pública sobre la relevancia de temas o personajes políticos.

El uso legítimo de herramientas de programación y publicación automatizada no debe confundirse automáticamente con comportamiento coordinado inauténtico. La distinción exige investigar la identidad y el comportamiento de las cuentas, sus patrones de actuación y los objetivos de las operaciones identificadas.

Qué puede hacer usted: no use los "me gusta", las visualizaciones o los temas en tendencia como prueba de apoyo popular. Procure identificar el origen de la información y observe los comportamientos repetitivos, sobre todo cuando distintos perfiles presentan mensajes idénticos como si fueran manifestaciones independientes.

La novena: quizá la mayor trampa sea que usted no sabe lo que dejó de ver

La característica más preocupante de la distribución algorítmica no está solo en su capacidad de influir en lo que aparece en la pantalla, sino en la dificultad de conocer el universo de contenidos que nunca se le mostraron al usuario.

Es relativamente sencillo refutar una publicación falsa que recibimos. Mucho más difícil es cuestionar una información relevante cuya existencia desconocemos, sobre todo cuando nuestra experiencia cotidiana pasa a ser administrada por mecanismos personalizados que seleccionan continuamente lo que merece nuestra atención.

Esa invisibilidad no demuestra, por sí misma, intención política ni manipulación deliberada. Sin embargo, revela una condición estructural que exige transparencia, fiscalización y capacidad de investigación independiente.

El debate ya superó el terreno de las preocupaciones abstractas. La Unión Europea, por ejemplo, estableció directrices específicas sobre los riesgos de las grandes plataformas para los procesos electorales, que abarcan mecanismos de recomendación, publicidad, moderación, transparencia y auditorías.

La pregunta relevante, por lo tanto, no es si debemos acabar con los algoritmos, sino quién fiscaliza el uso de sistemas capaces de influir en las condiciones en que millones de ciudadanos reciben información política.

¿Y cómo identificar una posible manipulación?

Desconfiar de las plataformas no significa convertir cualquier caída de visualizaciones en una denuncia de fraude, porque el alcance de una publicación también depende de factores legítimos, como el interés de la audiencia, el horario, el formato, la competencia entre contenidos, las elecciones individuales y los cambios generales en las reglas de distribución.

Una investigación responsable debe observar el historial de rendimiento, documentar los hechos, identificar eventuales decisiones de moderación y comparar situaciones similares, teniendo en cuenta las explicaciones técnicas presentadas por las empresas.

Para el ciudadano común, sin embargo, existe una medida accesible que puede contribuir a ese proceso: documentar lo que efectivamente ocurrió, en lugar de sustituir las pruebas por impresiones.

Manual de supervivencia del votante

No es necesario entender de programación, dominar la inteligencia artificial ni conocer los detalles de los sistemas de recomendación para desarrollar hábitos que reduzcan su dependencia de la información seleccionada por las plataformas.

El primer paso consiste en abandonar la idea de que su timeline representa una muestra completa de la realidad, porque es el resultado de un proceso continuo de selección, personalizado según mecanismos sobre los cuales el usuario tiene un control limitado.

Guarde esta pequeña lista:

  • Acceda directamente a las fuentes de información, sin esperar a que todas aparezcan espontáneamente en el feed.
  • Compare publicaciones e informaciones en distintas plataformas y medios.
  • Consulte documentos, entrevistas y decisiones judiciales originales siempre que sea posible.
  • Desconfíe especialmente de los mensajes que confirman a la perfección todas sus convicciones.
  • Antes de compartir una denuncia, verifique quién la presentó, qué pruebas existen y qué depende todavía de investigación.
  • Si identifica una posible restricción indebida, registre fecha, hora, dirección de la publicación, capturas de pantalla y comunicaciones recibidas de la plataforma.
  • No confunda la falta de alcance con una prueba automática de censura o intervención deliberada.

Estos cuidados no eliminan los riesgos de la manipulación informativa, pero ayudan a enfrentar su principal ventaja: la facilidad con que las personas pasan a tratar lo que reciben como si representara todo lo que existe.

Una elección no comienza en la urna

La integridad electoral implica mucho más que la seguridad de los equipos de votación, porque la voluntad política se forma durante un proceso continuo de exposición a informaciones, debates, experiencias e interpretaciones de la realidad.

Las plataformas no necesitan determinar directamente el voto de cada ciudadano para ejercer una influencia relevante sobre ese entorno. Su capacidad de seleccionar, recomendar, impulsar y restringir contenidos hace indispensable la existencia de mecanismos de transparencia y rendición de cuentas proporcionales a la importancia pública de las actividades que desempeñan.

Si esas capacidades se instrumentalizaran deliberadamente para producir ventajas políticas selectivas, la controversia superaría la gestión privada de contenidos y alcanzaría las propias condiciones de igualdad de la competencia democrática.

Es en ese territorio donde la guerra informativa puede encontrarse con el lawfare, especialmente cuando el uso estratégico de instrumentos jurídicos y la administración asimétrica de la visibilidad digital empiezan a producir efectos convergentes sobre determinados participantes de la disputa política.

No es necesario imaginar conspiraciones para reconocer el problema, así como tampoco hace falta aceptar ciegamente las explicaciones de las empresas que concentran el control sobre los datos necesarios para verificar sus propias prácticas.

El votante tiene derecho a conocer las reglas que interfieren en la circulación de la información política, y la sociedad tiene derecho a exigir que las sospechas relevantes sean investigadas mediante procedimientos independientes.

Al fin y al cabo, la democracia no depende solo de garantizar que todos puedan depositar su voto, sino también de proteger las condiciones en que cada ciudadano construye libremente su elección.

El primer paso para dejar de ser manipulado en las redes sociales es comprender que lo que usted ve no representa necesariamente todo lo que le están dejando ver.

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